domingo, 2 de noviembre de 2008

... y así seguimos.

Han pasado casi dos meses.
Aunque no pude poner una reclamación en la oficina de IBERCAJA en la Expo, porque saltándose las leyes como les da la gana y con el beneplácito de la autoridad competente o incompetente, no tenían hojas de reclamaciones en la tal aficina, sí que la rellené en la oficina de información de la Expo y la rellené también en la sucursal más cercana.

Yo estaba seguro que en Zaragoza y contra IBERCAJA lo iba a tener complicado, pero viviendo en una democracia y estando por medio un "demócrata de toda la vida como el Sr. Belloch" la palabra imposible no existiría ante el robo y la injusticia.

Pues mira tú por dónde va a resultar que sí, que los bancos atracan, cuando pueden, al más pintado con todos los beneplácitos y luego, encima, cuando se descubre que se han gastado y repartido los dinerillos que malamente has podido ahorrarte durante toda tu vida, resulta que cogen del dinero que tú has aportado con tus impuestos para ayudarles a los pobres porque la crisis es la crisis.

Nadie se ha dignado dirigirse a mí aunque sólo sea para decirme: Hemos recibido su queja.
Los tentáculos de IBERCAJA son demasiado largos y potentes para que nadie en Zaragoza se atreva a contrariarles.

La pena es que Aragón es una región que siempre ha gozado de la simpatía de todos los españoles y, a base de actitudes de entidades que, dicen, les representan de manera indigna, se está granjeando la etiqueta de "non grata" para mucha gente y creo sinceramente que no se lo merece.

La estafa de Ibercaja

Cómo nos estafa Ibercaja

Aún de camino de vuelta a casa, voy a contar la experiencia que he tenido hoy en la EXPO de Zaragoza.

Vivo en Suances, a 420 km de Zaragoza y el pasado 31 de agosto saqué unas entradas por Internet pagándoselas a Ibercaja, para visitar la dichosa EXPO sin ningún problema, ya que los periódicos estaban publicando a bombo y platillo las aglomeraciones de los últimos días.

El día 9 de septiembre, hoy, me desplacé a Zaragoza sin las entradas porque había que imprimirlas en un cajero de Ibercaja, especie que, afortunadamente, aún no abunda por Cantabria y espero que tarde en propagarse. Cuando ya en tierras aragonesas pude imprimirlas me salen con una fecha de caducidad: el 31 de agosto que es el día que las saqué a las 13,30, vuelvo a repetir que sin ningún problema.

Al tratar de utilizarlas para entrar, después de recorrer nuestros 420 km de nada, me dicen que verdes las han segado, que aquello no vale.

Acudo a una oficina que Ibercaja ha puesto a la entrada de la EXPO en donde hay un lío monumental con gente que reclama una entrada que han pagado y que no les dan. Por fin, al cabo de hora y media, nos atiende la chica para decirnos que la venta anticipada se cerró el 31 de agosto.

De nada sirve que le digamos que cómo pueden vender unas entradas para cualquier parte del mundo (por Internet) a las 13,30 h del día en que caducan.

De nada sirve que le demostremos que hemos obtenido las entradas ese mismo día y que, si están en nuestro poder a las 11 de la mañana, nadie las ha utilizado para entrar y, si nadie las ha utilizado, Ibercaja no las tiene que abonar pero a mí sí me las ha cobrado. O sea que se van a quedar descaradamente con mi dinero.

Le pido la hoja de reclamaciones y me dice que no tiene. Acudo a la policía nacional que estaba allí cerca para que me acompañen a comprobar que no tienen la hoja de reclamaciones pero después de tratar de convencerme para que reclame en la oficina principal y otras lindezas semejantes para librarse de mí, me dan un número de teléfono gratuito (para que vea): 900121314, el teléfono del Defensor del consumidor en Zaragoza.

Llamo ilusionado pero ¡Sorpresa! "Esta entidad no acepta llamadas desde la localidad en que usted se encuentra" Me responde una amable y metálica voz. ¡La EXPO no está en Zaragoza!

La última del jefe de policía ya es decirme que no me puede acompañar porque no tienen transferidas las competencias.

No me desanimo y sigo buscando. Cerca también, encuentro a una pareja de policías municipales hablando amigablemente con un guardia de seguridad y les explico mi caso: sólo quiero que me acompañen a la oficina (30 metros) para comprobar que no tienen hojas de reclamaciones, pero por desgracia no pueden abandonar ese puesto (eran dos), no obstante van a llamar a una patrulla para que me acompañe.

-"Cierran a las dos"- le dije

Mira el reloj y me contesta: " No se preocupe, en un momento están aquí"

Bueno, pues el momento fue el suficiente como para que cuando llegamos, a las 13,55 h, la pajarita había volado.

Me prometieron que a la hora de abrir ya estarían allí a comprobar, pero yo les dije que cuando la chica volviera tendría tantas hojas de reclamaciones que no sólo me taparía la boca a mí sino que nos podría tapar enteros a ellos y a mí y me fui triste pensando que no iban a volver siquiera y que todos, desde los chorizos de Ibercaja, hasta los empleados de Ibercaja, los policías y media Zaragoza se habían burlado de cuatro ingenuos que pensaban que, lo mismo que meten a la cárcel media vida a la persona que atraca a un banco, algo se podría hacer contra el banco que atraca a una persona.

Pero he visto, además, de qué lado está la policía. Puede estar orgulloso el Sr Belloch.